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Depresión

La depresión es una enfermedad muy habitual. Entre el 5% y el 10% de la población puede verse afectada en algún momento y es probable que una de cada cuatro personas sufran un episodio de esta índole a lo largo de su vida. Las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de sufrir una depresión.

Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión es el 4º problema de salud a nivel mundial y ocupará el 2º lugar en el año 2020.

Un gran número de médicos y profesionales sanitarios creen que la depresión estaría causada por un desequilibrio en los niveles de ciertos neurotransmisores cerebrales.


El diagnóstico de la Depresión


El término “depresión” se usa habitualmente para describir un amplio rango de síntomas relacionados con el humor. En cualquier caso, la enfermedad que un médico diagnostica como depresión es diferente de la tristeza ordinaria, ya que puede durar meses – no sólo días o semanas – y además afecta seriamente la vida del paciente y su capacidad para funcionar con normalidad. La depresión puede provocar que el paciente sienta desesperación sobre su futuro y, en los casos más graves, incluso piense que no merece la pena vivir.

La depresión a menudo se presenta con unos síntomas característicos entre los que destacan:

  • Pérdida de interés en las actividades con las que la persona normalmente disfrutaría.
  • Sentimientos de inutilidad y/o culpa.
  • Retraimiento social.
  • Incapacidad para concentrarse.
  • Alteraciones del sueño.
  • Cambios en el apetito (comer más o menos de lo normal, por ejemplo).


Hay varios factores que pueden desencadenar la depresión:

  • Stress emocional. Ej.: duelo, problemas en las relaciones.
  • Situaciones difíciles. Ej.: sobrecarga laboral, aislamiento social o exclusión, mobbing, desempleo, pobreza.
  • Enfermedad. Los individuos con enfermedades que supongan una amenaza para la vida, como el cáncer o las cardiopatías, o crónicas como artritis reumatoide y psoriasis, son más propensos a sufrir una depresión.
  • Abuso del alcohol o de las drogas.


La depresión puede tratarse de varias formas. Las más habituales incluyen asistencia psicológica, terapia cognitivo-conductual y el uso de fármacos antidepresivos

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