De todos los avances alcanzados por la medicina moderna, las vacunas representan el logro más extraordinario y con mayor repercusión tanto en la salud infantil como en la de los adultos.
Las vacunas han contribuido más que cualquier otra medida a la salud mundial. Su función es prevenir, disminuir e incluso erradicar enfermedades que se cobran millones de vidas anualmente. En el presente milenio las nuevas vacunas tendrán que asumir el reto de proteger a niños y adultos frente a nuevas enfermedades, afrontar el desafío de las infecciones provocadas por gérmenes resistentes a los antibióticos y expandir el concepto de prevención de enfermedad más allá del tratamiento.
Wyeth es desde su inicio una compañía líder en el campo de la investigación y el desarrollo de nuevas vacunas. Actualmente está en condiciones de asumir la responsabilidad de encontrar vacunas de nueva generación que contribuyan a la evolución de la Medicina Preventiva.
Historia de las vacunas
Los primeros escritos relacionados con la vacunación datan del siglo XI y corresponden a textos de la literatura china. Se trataba de la vacunación contra la viruela o variolización, que se utilizó durante muchos siglos en Asia y en el oeste de África. Más tarde pasó a Europa a través de Grecia y a Constantinopla por las costas del Bósforo, donde se dio a conocer en el siglo XVIII.
El primer atisbo de vacunación estuvo por tanto ligado durante siglos a la práctica de la variolización en un intento desesperado por evitar la viruela, enfermedad que causaba grandes epidemias y diezmaba las poblaciones de todos los continentes.
El médico británico Edward Jenner inventó la primera vacuna contra la viruela. En 1796 llevó a cabo su famoso experimento de inmunización con linfa de viruela, y en aquel momento se inauguró la era de la vacunación.
Como curiosidad cabe destacar que el término vacunación viene de la vaccina o viruela de las vacas, una enfermedad que producía una erupción en las ubres de estos animales y que fue la base de esta vacuna.
Tras Jenner, el siguiente eslabón en la historia de las vacunas fue Louis Pasteur (1822-1895), artífice del desarrollo de la Bacteriología como nueva rama de la ciencia médica en las postrimerías del siglo XIX. A pesar de las dificultades iniciales, Pasteur se consagró como uno de los héroes científicos de su época.
El sistema inmunológico
El cuerpo humano posee un sistema inmunológico que reacciona y defiende al organismo frente a ataques de agentes nocivos. Principalmente este sistema se encuentra integrado por células denominadas leucocitos o glóbulos blancos.
Las defensas de nuestro organismo se ponen en marcha automáticamente ante la agresión de un agente nocivo con el fin de destruir a los agentes agresores. En esta respuesta defensiva participan diversas sustancias que son capaces de facilitar el proceso inflamatorio, incorporando nuevos glóbulos blancos. Uno de los más importantes sistemas de defensa de nuestro sistema inmunitario es la producción de anticuerpos especializados en cada uno de los posibles agentes nocivos, pero como puede pasar por ejemplo con el personal militar, no es lo mismo un soldado novato que un veterano. De la misma manera, cuando nuestro sistema inmunitario reacciona por primera vez contra un agente nocivo frente al que antes jamás había luchado, responde mediante la producción de anticuerpos menos eficaces, seguidos de otros que otros que llegan más tarde y son mucho más protectores. En posteriores batallas, el sistema inmune ya está “entrenado” y es capaz de movilizar desde el primer momento anticuerpos eficaces capaces incluso de evitar el desarrollo de la infección.
La vacunación supone un entrenamiento del sistema inmune que posibilita que en caso de enfrentamiento real, la respuesta sea lo más contundente posible, o en el mayor número de casos el microorganismo no pueda tan siquiera ser capaz de llegar a plantear un enfrentamiento.