- Pretende que los hospitales españoles tengan una unidad específica para el tratamiento de esta enfermedad, muy discapacitante a medio plazo.
- La evolución en los diez primeros años desde su aparición determina el pronóstico del paciente, cuyas articulaciones tienden a soldarse.
Madrid, 10 de mayo de 2007.- Esta tarde se presentará en Madrid el proyecto más ambicioso creado hasta la fecha para mejorar la atención de los pacientes con espondilitis anquilosante. Se trata del ‘Proyecto ESPeranza’, cuyo principal objetivo es que esta enfermedad, crónica, progresiva y potencialmente muy discapacitante, se diagnostique en menos de dos años desde la aparición de los primeros síntomas -en la actualidad se tarda de seis a ocho-. Sus promotores esperan que se adhieran al mismo todos los hospitales de España, con la creación de unidades específicas para el diagnóstico precoz y el tratamiento de la espondilitis en sus fases tempranas.
Según explica el profesor Eduardo Collantes, del servicio de reumatología del Hospital Reina Sofía de Córdoba, y coordinador del programa, “ya han mostrado interés en él un total de 30 centros sanitarios”. El ‘Proyecto ESPeranza’ tiene una duración de cinco años y está promovido por la Sociedad Española de Reumatología (SER) y la Fundación Española de Reumatología (FER). También contará con la colaboración de Wyeth.
“Se trata de un proyecto que va a permitir el diagnóstico precoz y tratamiento temprano de estas patologías que afectan a más de 200.000 personas en España”, asegura el doctor Josep Blanch, presidente de la Sociedad Española de Reumatología. Además, “con su puesta en marcha será posible poner fin al retraso en el diagnóstico de estas enfermedades”, concluye.
Con este proyecto se pretende optimizar el diagnóstico y tratamiento de esta patología, que suele mostrar sus primeros síntomas entre los 26 y los 30 años de edad del paciente. Precisamente, la juventud de los enfermos dificulta el diagnóstico, pues ellos mismos tienden a quitar importancia a los dolores de espalda, atribuyéndolos a una mala postura o a un esfuerzo, y demorando la visita al especialista.
El doctor Blanch explica que “este es el primer obstáculo para un diagnóstico precoz, al que se suma la existencia de unos criterios muy estrictos para poner la etiqueta definitiva a la enfermedad”. A esta explicación, Collantes añade que “hasta los años 90 se exigía ver cambios radiográficos antes de diagnosticar una espondilitis. Ahora ya sabemos que hay unos signos clínicos, presentes desde el principio de la enfermedad, que nos permiten identificar perfectamente este trastorno”.
Predisposición genética
Así por ejemplo, aunque el síntoma sobre el que gira todo el cuadro médico es la lumbalgia inflamatoria, es determinante que evolucione sin pausa durante tres meses, que se intensifique durante el descanso nocturno y especialmente en la segunda mitad de la noche, que se alivie con el movimiento y empeore con el reposo, que responda bien a los antiinflamatorios y que aparezca antes de los 40 años.
El diagnóstico se completa con una prueba genética. “En esta patología hay un fuerte componente familiar. Los parientes de un enfermo tienen hasta un 40 por ciento más de posibilidades de padecerla que el resto de la población”, cuenta Collantes. Los actuales datos de prevalencia sitúan la incidencia en un 0,2 por ciento de la población, aunque “dado el infradiagnóstico, el porcentaje real podría llegar al 0,5%”.
La espondilitis anquilosante es una enfermedad inflamatoria crónica y progresiva que provoca el anquilosamiento de los huesos de las articulaciones en las que aparece, especialmente en pelvis, hombros y cervicales. Los pacientes que desarrollan la patología con una intensidad moderada presentan deformidades a los cinco o seis años de su evolución, mientras que en los que tienen un trastorno más severo se les pueden apreciar ya en el segundo año.
El daño más importante se produce durante los diez primeros años. “Si en este período el paciente no ha sufrido grandes limitaciones de la movilidad, lo más probable es que no tenga grandes deformidades en el futuro” asegura este experto. En este contexto el diagnóstico y tratamiento precoz se hace especialmente importante porque, si se llega a tiempo, “se consigue remitir los síntomas de un porcentaje importante de pacientes”.
Tratamientos biológicos
Además, se está viendo que frente a los tratamientos convencionales, que no consiguen revertir el daño causado, “con los tratamientos biológicos hay un grupo de enfermos que consigue mejorar la movilidad e incluso las lesiones radiológicas” subraya. Esto es posible en los 10-12 primeros años de la enfermedad. “Aunque no podemos decir categóricamente que el daño a partir de ese plazo sea irreversible, sí que es mucho más complejo de tratar”, afirma Collantes.
Ya hay unos 30 hospitales españoles que están dedicando especial interés a esta patología. “El objetivo del ‘Proyecto ESPeranza’ es intentar expandir estas unidades a más hospitales y asentar todo lo que hemos aprendido durante estos años, analizando los datos de más de 3.000 pacientes españoles e iberoamericanos, que nos han permitido conocer muchos detalles de la enfermedad”, concluye el coordinador del proyecto.