- Expertos apuestan por potenciar estas pruebas diagnósticas para aplicar los tratamientos disponibles lo antes posible.
- Los tratamientos biológicos consiguen ralentizar la progresión de la enfermedad y en algunos pacientes incluso parece que existe reparación de la erosión.
Granada, 24 de mayo de 2007.- Las nuevas tecnologías de la resonancia magnética y la ecografía son mucho más sensibles para detectar el daño articular, la inflamación o la remisión de la artritis reumatoide, según se ha expuesto en el simposio ‘Artritis Reumatoide: diagnóstico precoz por imagen’ desarrollado en el marco del Congreso Nacional de la Sociedad Española de Reumatología que se está celebrando en Granada. Así, el uso de estas tecnologías permitirá tratar la artritis reumatoide desde sus primeras etapas, sin esperar a que se produzca daño radiológico. Con ellas se superarán las limitaciones de la radiografía para detectar la presencia de inflamación activa, que precisa de demasiado tiempo para que se produzcan cambios visibles en la misma.
Según explica el doctor Federico Navarro, jefe del servicio de reumatología del Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla, en la actualidad el médico especialista busca en la radiografía la desmineralización de la articulación afectada, el estrechamiento del espacio articular y las erosiones. “El problema es que este es un criterio relativamente insensible o demasiado tardío, porque cuando se produce la erosión, la enfermedad está demasiado avanzada”, asegura este experto.
Frente a las limitaciones radiográficas, la resonancia o la ecografía consiguen dar un diagnóstico precoz del daño, detectar su progresión y definir la remisión en el caso de que ésta exista. Esto permitirá evaluar en mucho menos tiempo cómo está respondiendo el paciente a los tratamientos, ya que si se toma como referencia el daño articular, se requieren años de seguimiento con el método radiográfico.
El doctor Joan Maymó, responsable de la unidad de artritis del Hospital del Mar en Barcelona, aclara que “estas pruebas están en pleno desarrollo y se necesita su estandarización, que en el caso de la resonancia ya existe”.
Conocer cómo está evolucionando la enfermedad, más allá de lo que las manos o el ojo del especialista puedan diagnosticar a simple vista, permitirá hacer una buena selección de los pacientes que pueden cambiar de tratamiento y en el caso de la artritis reumatoide, pasar de los fármacos convencionales a los biológicos. Estos medicamentos, logran “ralentizar la progresión de la enfermedad e incluso en algunos pacientes consiguen remitir la erosión”, explica Navarro.
“Esta enfermedad inflamatoria crónica se trata con un amplio abanico de fármacos tradicionales, que incluyen desde el metotrexato y los agentes inflamatorios no esteroideos (AINES) entre otros, hasta los denominados biológicos, agentes de nueva generación utilizados desde hace algunos años”, según expone el doctor Alejandro Balsa, jefe de sección de reumatología del Hospital La Paz de Madrid.
Tratamiento “precoz y potente”
El doctor Navarro explica que en la actualidad el objetivo de los reumatólogos es tratar la artritis reumatoide de una manera “precoz y potente” desde el inicio, especialmente en aquellos pacientes que se sabe van a evolucionar mal en lugar de esperar que el daño esté instaurado. Según asegura este experto del Hospital Virgen de La Macarena, cerca del 70 por ciento de los enfermos tienen una respuesta “significativa” a los tratamientos biológicos. Además hay un porcentaje de pacientes que tienen una “progresión cero” de la enfermedad y otros una progresión negativa, esto es, una “aparente reparación” del daño.
“Aunque esto último no se da en la proporción que a nosotros nos gustaría –el cien por cien de los afectados-, vivimos sin duda una época dorada en la inflamación. Lo que se está consiguiendo hoy en día, era impensable hace 15 años”, subraya Navarro. Este experto aclara que es importante la habilidad del médico para saber pronosticar qué pacientes van a evolucionar mal y necesitarán un tratamiento potente, como los biológicos, antes de que se haya instaurado el daño.
Uno de los marcadores que más ayudan a detectar un curso agresivo de la artritis reumatoide es la presencia del gen HLA-DRB1, cuyos portadores tendrán deterioro radiológico y una gran incapacidad física. Además de éste, hay otros indicadores que hablan de una evolución agresiva de la enfermedad, -detalla el doctor Maymó- “como el índice de actividad de la enfermedad, el factor reumatoide y la presencia de anticuerpos anticitrulinados”. Tanto Maymó como Navarro coinciden en que podría ser conveniente suministrar a estos pacientes un fármaco biológico desde el inicio, antes incluso de haber presentado fallos al tratamiento convencional.
En cualquier caso y para afinar bien los tratamientos, Navarro apuesta por el empleo de la resonancia y la ecografía de manera rutinaria en un futuro, y no sólo en caso de duda como se utilizan hoy por hoy. Asimismo, subraya que este campo está en pleno desarrollo, y su pronóstico es que se usará la resonancia con mucha más frecuencia. “De hecho, ya hay aparatos sólo para las manos”, dice.