- La enfermedad mal controlada deriva en serios problemas de crecimiento.
- La terapia biológica ha supuesto un “cambio revolucionario” en el tratamiento de los niños que padecen esta enfermedad.
Tenerife, 26 de noviembre de 2007.- La artritis idiopática juvenil acapara el 75 por ciento de las consultas de reumatología pediátrica, según los datos que se han puesto de manifiesto en el VI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Reumatología Pediátrica (SERPE) que se celebra estos días en Tenerife. Durante el mismo se dedicó especial atención al papel de las terapias biológicas, fármacos “inteligentes” que “han supuesto un cambio revolucionario en el tratamiento de la enfermedad”, según explicó la doctora Mari Luz Gámir, reumatóloga pediátrica del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.
La artritis idiopática juvenil es una enfermedad que, a pesar de ser poco conocida, no tiene una incidencia pequeña. Afecta a 20 de cada 100.000 menores de 16 años, una proporción similar a la que tiene la diabetes tipo I en la infancia. Los expertos engloban bajo el término de Artritis Idiopática Juvenil todas las artritis de causa desconocida, de más de seis semanas de duración. Los síntomas típicos son similares a los de la artritis en adultos: dolor, hinchazón, la rigidez y la limitación de la movilidad de las articulaciones. Ante el riesgo de que los niños no exterioricen el dolor, los expertos instan a los padres a prestar especial atención a posturas anormales de sus hijos a la hora de caminar o de hacer sus actividades diarias, un mecanismo de defensa típico para evitar el dolor que produce la inflamación.
Esta enfermedad es más frecuente en las niñas y comienza entre el primer y cuarto año de vida. En su aparición y evolución influyen factores hereditarios y factores ambientales desconocidos, aunque se ha observado que algunos niños tienen una especial predisposición genética a padecer alteraciones de tipo autoinmune.
En esta enfermedad, igual que en otras muchas, el diagnóstico precoz es fundamental para evitar complicaciones futuras, que pueden ser muy serias. Si la artritis está activa, se interrumpe el crecimiento por lo que, ante un mal control, los niños pueden presentar problemas de talla. En la actualidad esto afecta a entre un 12 y un 15 por ciento de los niños.
No remite espontáneamente
Esto es así porque hace siete años se pensaba que era una enfermedad benigna y transitoria. Sin embargo, hoy día se sabe que sólo un 25-30 por ciento de los casos se resuelve de manera espontánea y que el resto se convierte en crónico. En torno al 40 por ciento sigue padeciendo la enfermedad de forma activa cuando son adultos y, si no se controla, se estima que entre el 50 y 60 por ciento de ellos necesitará una prótesis.
En este marco, la aparición de terapias biológicas en el arsenal terapéutico ha supuesto, en palabras de la doctora Gámir, un “cambio drástico” en el tratamiento de esta enfermedad puesto que le abre unas perspectivas “magníficas”. Esta familia de fármacos consigue disminuir sensiblemente la inflamación en pacientes que no responden a los fármacos tradicionales, que incluyen antiinflamatorios, los corticoides o los modificadores de la enfermedad, como el metotrexato.
La gravedad de la enfermedad y el impacto que ésta puede tener en el desarrollo del niño, han llevado a los especialistas a considerar el empleo de terapias biológicas desde el principio de la enfermedad, una posibilidad que necesita aproximadamente un 50 por ciento de los menores. “Nuestro objetivo es permitir que los niños tengan una vida normal, prevenir el daño articular y de otros órganos, hasta obtener la remisión completa”, asegura Gámir.
Actualmente, etanercept es el único tratamiento biológico indicado para la artritis idiopática juvenil, y pertenece a la generación de fármacos anti TNF. Para facilitar el tratamiento en pacientes pediátricos, se presentó recientemente un nuevo vial destinado a este tipo de población.
Etanercept es una proteína recombinante, completamente humana, que está constituida por dos receptores solubles (p75) del factor de necrosis tumoral (TNF) unidos a la fracción constante (Fc) de la IgG1 humana. Basa su actividad terapéutica en la inhibición de la acción pro-inflamatoria del TNF a través de un mecanismo de acción tan fisiológico como el de los propios receptores solubles naturales del organismo, encargados de regular los niveles del TNF.
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