Tres de cada cuatro ancianos europeos con un trastorno depresivo no reciben tratamiento

  • La recurrencia y cronicidad de la depresión en el anciano es mayor aún que en la población general: hasta el 61% de los pacientes tiene un nuevo episodio depresivo en los 2 años posteriores al primero y casi el 35% de los pacientes geriátricos con depresión aún presentan esta sintomatología después de tres años de seguimiento.
  • La depresión interactúa con otras enfermedades muy frecuentes en el anciano, condicionando una peor evolución e incrementando la morbi-mortalidad de las mismas.

Madrid, 17 de junio de 2008 – El 15% de la población mayor de 65 años en España tiene depresión, diagnosticándose cada año entre 1,3 y 1,8 casos por cada mil personas a partir de esta edad. “La depresión en la edad geriátrica tiene un pronóstico peor, un mayor riesgo de cronificarse y de presentar recurrencias, incrementa el riesgo de que aparezcan otras patologías y de desarrollar deterioro cognitivo, al mismo tiempo que ocasiona o acelera la aparición de incapacidad funcional o física”, explica el doctor Pedro Gil Gregorio, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). No obstante, el infradiagnóstico o el diagnóstico tardío y, en consecuencia, la falta de tratamiento, son algunos de los problemas más importantes del manejo de la enfermedad en los pacientes geriátricos, hasta el punto de que se estima que 3 de cada 4 ancianos europeos con un trastorno depresivo no recibe ningún tipo de tratamiento.

Éstas son algunas de las conclusiones que se recogen en la obra Depresión en el anciano, ¿otra epidemia del Siglo XXI?, elaborada por la SEGG, con la colaboración de Wyeth, y que se ha dado a conocer por primera vez en el marco del L Congreso de esta Sociedad, recientemente celebrado en Granada. Según el doctor José Mª Jiménez Páez, secretario general de la SEGG y coordinador del libro, “se trata de una obra dirigida no sólo a geriatras, si no también a todos aquellos profesionales dedicados a la atención del paciente geriátrico, como médicos de atención primaria, psicoterapeutas o personal de enfermería, como una herramienta para conseguir que esta enfermedad se diagnostique y trate de forma precoz”. A este respecto, este experto afirma que “debemos ver la depresión como un trastorno que afecta no sólo a la esfera psíquica de los pacientes, si no también a la física y funcional y que, asimismo, no se debe tratar como una circunstancia asociada a la edad. Debemos ser conscientes de que tiene una base causal que se puede encontrar en otras patologías, en una reacción ante una circunstancia personal, en el ingreso hospitalario, etc.”. De hecho, se estima que la prevalencia de la depresión en pacientes geriátricos internados en residencias es del doble, estimada en cerca de un 30%.

En cuanto al tratamiento, según ambos expertos, debe basarse tanto en psicoterapia como terapia farmacológica y ésta debe ser eficaz, pero también con una posología sencilla y un buen perfil de seguridad. Para el presidente de la SEGG, doctor Gil Gregorio, “a la hora de tratar al paciente anciano, los médicos deberían valorar el uso de un inhibidor de la recaptación selectiva de la serotonina (ISRS) o un antidepresivo dual, como la venlafaxina de acción retardada, que es un inhibidor de la recaptación de la serotonina y la noradrenalina (IRSN)”. Asimismo, el doctor Jiménez Páez añade: “una vez que se ha elegido la terapia más adecuada, que debe mantenerse al menos durante un tiempo de entre 18 y 24 meses, debe realizarse un seguimiento exhaustivo de la sintomatología afectiva, puesto que en los pacientes geriátricos el riesgo de recaída es mayor, por lo que se debe tener en cuenta la posibilidad de establecer una terapia de mantenimiento y, en cualquier caso, tratar la depresión como una enfermedad crónica, como la diabetes o la hipertensión”.

 

Recurrencia y cronicidad de la depresión en el anciano

En población general, las tasas de recurrencia tras un primer episodio de depresión oscilan alrededor del 60%, tras dos episodios aumentan al 80% y después de tres episodios llegan a un 90%. En el caso concreto de los ancianos, según recoge la obra Depresión en el anciano, ¿otra epidemia del Siglo XXI?, hasta el 61% de los pacientes tiene una recurrencia dentro de los dos años posteriores a su primer episodio depresivo, y condiciones como edad, sexo femenino, estado civil y duración del primer episodio depresivo, podrían ser factores de riesgo de recurrencia.

Asimismo, se estima que a los 3 años de seguimiento, el 34,9% de los pacientes geriátricos con depresión aún presentan sintomatología depresiva, por lo que, según se concluye en la obra, esta enfermedad en los ancianos podría considerarse una enfermedad crónica. “La coexistencia con otras patologías, la incapacidad funcional o la situación social son sólo algunos factores muy frecuentes en las personas ancianas que actúan como factores de riesgo de la recurrencia y la cronicidad”, explica el doctor Jiménez Páez.

 

Depresión y otras patologías

Uno de los problemas a los que se enfrenta la Geriatría en la detección y el tratamiento precoces de la depresión es la frecuencia con que esta enfermedad se presenta asociada a otros problemas clínicos o siendo consecuencia directa de éstos. “Los primeros síntomas del trastorno depresivo en los pacientes geriátricos -explica el doctor Gil- se presentan de forma larvada o escondida, siendo las manifestaciones más frecuentes la apatía, el desinterés, la desgana por llevar a cabo las actividades cotidianas y las pérdidas de memoria”. De hecho, este experto hace hincapié en que, “con frecuencia, la depresión en el anciano se detecta cuando el paciente intenta suicidarse, con el agravante de que el suicidio en estas personas suele ser exitoso, de ahí la importancia fundamental de la detección temprana”.

No obstante, según se recoge en el libro elaborado por la SEGG, la depresión no incrementa las tasas de mortalidad sólo por aumentar las de suicidio, sino que también interactúa con otras enfermedades condicionando una peor evolución e incrementando la morbi-mortalidad de las mismas. De esta forma, por ejemplo, la depresión es un factor de riesgo potencial de mortalidad cardiaca.

“En el caso concreto de la demencia tipo Alzheimer, existe un gran debate en la actualidad debido a los recientes hallazgos que relacionan la depresión como causa de demencia y la demencia como factor de riesgo del trastorno depresivo”, afirma el doctor Gil. Así, se ha llegado a postular que las depresiones de inicio precoz podrían suponer un factor de riesgo de demencia y que las de inicio tardío serían los primeros síntomas clínicos de ese síndrome geriátrico.

Por otra parte, la presencia de depresión es notablemente frecuente en ancianos con patología vascular cerebral (se estima que el 50% de los pacientes que han sufrido un evento cerebrovascular presenta sintomatología afectiva), fractura de cadera o Parkinson (la tasa de depresión en esta enfermedad en la edad geriátrica es del 40%).

 

Sobre Wyeth

Wyeth dedica su actividad al desarrollo de productos en las áreas de salud de la mujer, enfermedades infecciosas, gastrointestinal, sistema nervioso central, inflamación, trasplante, hemofilia, oncología, vacunas y productos nutricionales. Wyeth es una de las mayores compañías del mundo dedicadas a la investigación y cuidado de la salud.

Wyeth es líder en investigación, desarrollo, fabricación y comercialización de fármacos, vacunas, productos biotecnológicos y medicamentos sin prescripción que mejoran la calidad de vida de las personas en todo el mundo. Las principales divisiones de la compañía incluyen Wyeth Pharmaceuticals, Wyeth Consumer Healthcare y Fort Dodge Animal Health, que opera en el sector veterinario.